Los primeros avances por parte de los conquistadores en tierras de Michoacán se dieron en 1522 con la expedición del sacerdote católico, Cristóbal de Olid . Los esfuerzos de evangelización se fortalecieron en 1525 con la llegada de misioneros franciscanos bajo el liderazgo de Martín de Jesús de La Coruña, quienes empezaron a instruir a la gente en la nueva fe, con el apoyo del gobernante local, el calzonci.

En 1533, la Audiencia de México envió a su oidor Vasco de Quiroga para que visitara la región. Posteriormente, este hombre se convirtió en figura predominante de la historia de Michoacán ya que, además de su trabajo como oidor, sensibilizó a la población indígena con respecto a sus problemas, reorganizó las ciudades, trabajó en la idea de realizar una utopía como aquella que planteó Tomás Moro, creó el llamado pueblo-hospital, conformó el obispado de Michoacán y fundó el colegio de San Nicolás entre otras cosas (Warren & Warren, 1996: 40-45).

Además de la concentración de la población en pueblos coloniales, hubo disminución de habitantes debido a la gran cantidad de epidemias, a la crisis en la producción de alimentos, trabajos forzados y migraciones hacia centros urbanos coloniales de mayor importancia.
La población aumentó durante el periodo colonial hasta que durante la guerra de Independencia sufrió una baja cuantiosa (Castilleja, en Toledo et al, 1992: 241).
 
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