Durante el siglo XX hubo un incremento en los procesos modificadores del paisaje. De acuerdo con Toledo (1992:16), la región padece de la deforestación de grandes extensiones de bosques mixtos y de coníferas debido a la apertura de espacios agrícolas en áreas no aptas para ello, a una creciente presencia de ganado bovino en espacios de gran fragilidad ecogeográfica, a una desmedida e inadecuada actividad comercial pesquera, y a un excesivo uso de agroquímicos los cuales, aunados a las aguas negras, vacían el lago. Además, el complejo turístico tiene una infraestructura inadecuada, se han despojado tierras comunales y vendido ilegalmente en la franja ribereña. El crecimiento desmedido y no planificado de los espacios urbanos, la sobreutilización de espacios agrícolas, así como una equívoca restauración ecológica de los bordes del lago, lo han afectado.

La relación entre la sociedad y la naturaleza, que en un inicio era armónica, ha perdido su equilibrio. Los procesos actuales han provocado un grave problema de erosión, una reducción de la flora regional y enzolvamiento, contaminación y eutroficación del nivel de base regional, es decir, el lago de Pátzcuaro.

Es importante aclarar que la presión sobre los recursos naturales de la región no se debe únicamente a actores locales, sino también a las demandas del mercado externo (Castilleja, en Toledo et al, 1992: 241).
 
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